Normalmente este sería un texto que hable de lo que debe cambiar o sería un texto que procura generar conciencia al respecto de ello, pero no, este texto es completamente un grito de dolor y un constante resurgir de un mismo pensamiento “¿qué tan difícil es tener un poco de decencia humana?”, “¿qué tanto les cuesta ponerse en los zapatos de los demás?”
El tema que me convoca el día de hoy me abarca completamente y me increpa desde muchos frentes que serán ahondados en los párrafos posteriores. Antes que nada veo necesario definir lo que es la Neurodiversidad: quien acuña el término es Judy Singer[1]en los años 90’s al darse cuenta que la única forma en que la sociedad se refiere a personas con dificultades motoras o cognitivas era determinarles como personas con discapacidad.
Discapacidad, una palabra que contiene el prefijo Dis y el complemento Capacidad… literalmente se está determinando a una persona con falta de capacidad de hacer múltiples cosas que se consideran normativas, acciones/capacidades que tiene el común y que de no poderlas realizar ya debe ser tratado y visto como algo que se debe arreglar o tratar. La cuestión es que la vida no es solo la ley del más fuerte y quién puede hacer ciertas cosas y quién no. En la vida (y la naturaleza) existe la ayuda mutua[2] y la variabilidad, lo diverso y las múltiples formas de subsistencia en las cuales las especies se apoyan unas a otras. No se trata de quien puede hacer más sino de qué elementos se pueden aportar a la sociedad y bajo qué lupas se pueden ver las diversas capacidades de cada unx.
Bajo esa línea de pensamiento es que surge la Neurodiversidad, una forma de ver la “variabilidad ilimitada de los sistemas nerviosos en el planeta tierra” (Singer, s.f.), del prefijo Neuro o sistema nervioso y del complemento Diversidad que determina grado de variabilidad en una ubicación específica. Es allí en donde nos adscribimos en este blog, bajo la sábana de las incontables posibilidades neuronales que surgen de cada ser existente en el planeta tierra, de las infinitas combinaciones de habilidades y opciones de percibir el mundo físico que nos rodea.
Ahora bien, todo esto que he dicho —y Ud. lector/a está siendo partícipe— es visto desde la lupa de un neurotípico (yo), o, para decirlo de otra manera, de una persona neurodiversa sin diagnosticar. Y es que allí ataca ese primer frente del que hablé más arriba, se trata del difícil acceso de una familia a un diagnóstico temprano de una posible neurodiversidad, todo porque existe un sistema que está pensado para un diagnóstico rápido y que solo revisa los casos más extremos o los casos más comunes, no está pensado en absoluto para los casos más someros o simples, en donde dicha neurodiversidad no es tan notoria (este es el caso de las personas con Autismo en el nivel en que solo requiere apoyo[3] o el caso de la dislexia, un trastorno nunca pensado como así sino como un problema que se cura con el tiempo). En un segundo frente están los allegadxs que sí lograron acceder a diagnóstico temprano pero que se enfrentan a un abandono total a su suerte y por último está la persona ajena a mi realidad que sufre por conseguir trabajo o por subsistir de forma individual, siendo infantilizada o siendo minimizada. Espero que nos volvamos a leer en los blogs que vienen. Lxs quiero.
[1] Revisar sus definiciones y análisis en: https://neurodiversity2.blogspot.com/p/what.html
[2] Para profundizar en este término se recomienda leer el libro La ayuda mutua de los autores Pablo Servigne y Gauthier Chapelle, publicado por la Universidad Nacional de Colombia.
[3] Para saber más al respecto del TEA revisar: https://ligautismo.org/que-es-el-tea/


